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Poemas
Federico García Lorca


Retrato de García Lorca.
Sello conmemorativo,
(fragmento)
Correos de Italia, 1998.
















Federico García Lorca

Nació en Fuentevaqueros, Granada, en 1898. Su niñez y primera juventud transcurrieron en Granada, en cuya universidad estudió Filosofía y Letras, y obtuvo también una licenciatura en Derecho.

En 1918 publicó su primera obra, un ensayo titulado 'Impresiones y paisajes'. A partir de 1919 fijó su residencia en Madrid, participando activamente en la vida intelectual y en los grupos progresistas radicales de la capital. En 1920 presentó su primera obra dramática, la pieza llamada 'El maleficio de la mariposa'. En 1921 dio al público su 'Libro de Poemas' y un año más tarde una selección de canciones. Desde sus primeros escritos, poemas y piezas teatrales, fue evidente su amor por la tierra andaluza, por su Granada, sus gentes y su sociedad multiétnica. El pueblo gitano le inspiró muchas de sus mas bellas producciones.

A partir de 1926 surgieron de su ingenio, como una floración espléndida, sus grandes obras, entre las que destacan 'Mariana Pineda', 'La zapatera prodigiosa', 'Bodas de sangre', 'Yerma', 'Rosita la soltera' y 'La casa de Bernarda Alba'. En todas esas creaciones cobra fuerza la tradición de lucha del pueblo, español, su apasionado misticismo y la sensualidad cálida de las tierras granadinas.

Con 'Mariana Pineda' inició García Lorca una producción teatral de notable maestría, en la cual se combinan las mejores tradiciones del teatro clásico español con un acentuado lirismo. La mujer emerge como sujeto central en esta dramaturgia, y la preocupación fundamental del drama es el estudio de la psicología femenina en las conflictivas condiciones de la sociedad española. García Lorca define a través de su obra dramática las características que, a su juicio, determinan la identidad de la mujer española: un severo y profundo sentimiento del honor, una enorme capacidad de amor, a la par sexual y mística, un bravío instinto maternal y una inflexible lealtad hacia las gentes de su misma clase y condición. Sin duda fascinado por la fiereza de las heroínas populares de España, García Lorca logró inmortalizar esos caracteres en 'La casa de Bernarda Alba', 'Bodas de Sangre' y 'Yerma'.

En 1928 sorprendió al mundo de la literatura con el 'Romancero Gitano', originalísima explosión de metáforas hasta entonces nunca ensayadas, en las que las fuerzas cotidianas de la naturaleza —el aire, el agua, la flor, la luna, el viento, la noche— son puestas audazmente en relaciones capaces de crear todo un paisaje, súbitamente, ante los ojos del lector. A partir de ese momento, García Lorca emerge como un poeta único. Sus imágenes poéticas, trabajadas con pasión sensual, son inimitables.

Viajó por Estados Unidos, Canadá y Cuba entre 1929 y 1930. En Estados Unidos recibió el impacto poderoso de la nueva poesía ciudadana, y bajo la inspiración enorme de Walt Whitman escribió 'Un poeta en Nueva York'.

En 1931, en medio de las grandes conmociones sociales y políticas que dieron nacimiento a la República Española, fundó y dirigió el teatro universitario 'La Barraca'. Allí presentó sus adaptaciones modernas de 'Fuenteovejuna' y 'La dama boba', de Lope de Vega, así como de otras obras de Calderón y Tirso de Molina, todas ellas con éxito resonante por su belleza, llena de pasión andaluza.

Durante los años de 1933 y 1934 viajó por Argentina y Uruguay, dictando conferencias y estableciendo contactos literarios con los intelectuales del Cono Sur.

Federico García Lorca amó a la República y escribió algunos poemas, llenos de gracia y afilada ironía, contra las fuerzas reaccionarias de su país. Al estallar la guerra civil, con el alzamiento de los cuatro generales en julio de 1936, Granada fue una de las primeras ciudades en caer en manos de las fuerzas insurrectas. Atrapado por los franquistas, a pesar de la protección que le brindaban amigos pertenecientes a ese bando, fue transportado en un camión, junto con otros prisioneros, y asesinado en las afueras de Granada. Lo odiaban, decían ellos, 'por homosexual'. Pero sobre todo lo odiaban porque amaba la vida.

Lo odiaban porque había tomado partido por la causa del pueblo. Y todavía lo odian por eso. Ahora, al cumplirse los 100 años de su nacimiento, las ceremonias de recordación en todo el mundo también se han visto ensombrecidas por manifestaciones de odio, infames y mezquinas. Es la España Negra, la del inquisidor Torquemada y la del falangismo que grita '¡Viva la muerte!', que siempre vela y nunca duerme, que siempre busca la ocasión para escupir en el rostro a la otra España, la del trabajo y el sudor, la de la vida, la de la música alegre, la pasión ruda y el ingenio sutil.

La obra de García Lorca es difinitivamente popular. Probablemente no hay ningún poeta español más popular que él. Los habrá más grandes, porque la poesía española tiene legiones de gigantes. Pero no hay ninguno tan cerca del corazón del pueblo como él, y por eso, es en su poesía y solamente en ella que el Niño Jesús baja a la orilla del río a jugar con los gitanos, que los niños salen por la noche a conversar con la luna, y que en la noche oscura de los pobres, allá muy lejos del río, hay horizontes de perros que dan sentido, calor y belleza a la existencia de los que nada tienen.

Carlos Vidales (c)
Estocolmo, julio de 1998






Casida de la mujer tendida

Verte desnuda es recordar la tierra.
La tierra lisa, limpia de caballos.
La tierra sin mi junco, forma pura
cerrada al porvenir: confín de plata.
Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro,
sin encontrar la luz de su mejilla.
La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espada fulgurante,
pero tú no sabrás donde se ocultan
el corazón del sapo o la violeta.
Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno;
bajo las rosas tibias de la cama,
los muertos gimen esperando turno.





En la muerte de José de Ciria y Escalante

Quién dirá que te vio, y en qué momento?
¡Qué dolor de penumbra iluminada!
Dos voces suenan: el reloj y el viento,
mientras flota sin ti la madrugada.

Un delirio de nardo ceniciento
invade tu cabeza delicada.
¡Hombre! ¡Pasión! ¡Dolor de luz! Memento.
Vuelve hecho luna y corazón de nada.

Vuelve hecho luna: con mi propia mano
lanzaré tu manzana sobre el río
turbio de rojos peces de verano.

Y tú arriba, en lo alto, verde y frío,
¡olvídate! Y olvida al mundo vano,
delicado Giocondo, amigo mío.








Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
Mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.








Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

***

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
Pero ¿quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

***

— Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando
desde los puertos de Cabra.

— Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

— Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de Holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

— Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

— Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme,
hasta las verdes barandas,
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

***

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

***

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

— ¡Compadre! ¿Dónde está, dime,
dónde está tu niña amarga?

— ¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles, borrachos
en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
Y el caballo en la montaña.



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